La Remeiera surge de una herida que identificamos en nuestro territorio: la ruptura progresiva de la relación entre las personas, las plantas, la comunidad y la tierra. Observar sistemas médicos tradicionales de otros lugares, donde plantas, ritual, espiritualidad y vida comunitaria siguen formando parte de un mismo entramado, nos hizo mirar de otra manera nuestra propia cultura y preguntarnos qué hemos perdido al alejarnos de una forma de vida profundamente ligada a la naturaleza. La ausencia de estos referentes puede estar relacionada también con esa sensación contemporánea de falta de sentido, de objetivos vitales o desequilibrio que tantas personas experimentan.
¿qué sucede con nuestro bienestar cuando recuperamos el contacto con las plantas, el canto, el ritual y la naturaleza?



Durante gran parte de la historia de la humanidad, nuestra relación con el entorno no se limitaba a habitarlo, sino que implicaba conocerlo, cuidarlo y utilizar sus recursos. Del mismo modo, el canto, la narración, la celebración colectiva y los diferentes rituales de paso ayudaban a crear vínculos, transmitir conocimientos y dar sentido a la experiencia de formar parte de una comunidad. Muchas de estas prácticas siguen vivas hoy en diferentes comunidades indígenas, donde la relación con el territorio y el herbalismo continúa estando profundamente vinculada a la cultura, la identidad y la vida colectiva. Desde La Remeiera queremos explorar qué ocurre cuando recuperamos algunos de esos espacios y formas de relación.
Uno de los objetivos de la asociación es precisamente experimentar con la recuperación de saberes tradicionales vinculados a las plantas y generar contextos en los que podamos volver a relacionarnos con ellas de una manera más consciente. Partimos de la curiosidad y de la voluntad de investigar desde nuestro propio contexto.
¿Cómo cambia nuestro estado cuando compartimos conocimientos, tareas y experiencias con otras personas?
A través de estos procesos buscamos observar cómo influyen estas experiencias en nuestro bienestar emocional. Porque quizá cuidarnos no consista únicamente en aprender a gestionar mejor un mundo que nos genera malestar, sino también en preguntarnos qué hemos perdido por el camino y si podemos recuperar, adaptar y reinventar algunas de las formas de relación que durante generaciones ayudaron a las personas a sentirse conectadas con la tierra, con su comunidad y con su propia vida.

Para recordar
recogiendo memorias y saberes antes de que desaparezcan.
Para custodiar
contribuyendo a preservar un patrimonio cultural vivo.
Para volver a escuchar
no solo qué se hacía con las plantas, sino el entramado de tierra, ritual, espiritualidad, vínculos y comunidad del que formaban parte.
Para conectar
poniendo nuestra memoria en diálogo con la sabiduría etnobotánica de otros territorios.
No investigamos para volver atrás, sino para comprender qué hemos dejado de escuchar y qué merece seguir vivo.

Desde la etnobotánica ibérica y europea.
La etnobotánica estudia las relaciones entre las sociedades humanas y las plantas. Desde ahí nos acercamos a las formas en que las comunidades de la península ibérica han conocido, utilizado, interpretado y transmitido el mundo vegetal.